El rol del docente en la escuela rural va más allá de la transmisión de conocimientos o la enseñanza en el aula; un maestro o maestra rural se tiene que convertir en una figura clave dentro de la comunidad, con funciones educativas, sociales y culturales. Debe ser el nexo entre la comunidad, el entorno y la escuela.
Las escuelas rurales viven una realidad muy distinta a las escuelas urbanas. Las particularidades del territorio rural a nivel educativo, como las aulas multigrado o el entorno social reducido, llevan a los docentes a adaptarse a un contexto muy específico y, normalmente, con poca formación y pocos recursos. Esta adaptación requiere unas habilidades y competencias muy amplias y flexibles por parte de los maestros y maestras y un proceso de integración (social y cultural) en el entorno de la escuela. El docente debe conocer y valorar el entorno, establecer vínculos con las familias, los comercios, las instituciones locales y utilizar la cultura del pueblo como base para el aprendizaje de los niños y niñas. Cuando un maestro rural se implica en el territorio, puede empezar a generar un aprendizaje significativo y contextualizado para sus alumnos y su función educativa ayuda a enriquecer el territorio y la comunidad.
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