Docentes que siguen aprendiendo: la clave para una mejor educación rural
En lo profundo de muchas regiones rurales, hay maestras y maestros que, con lluvia o sol, caminan kilómetros para llegar a su escuela. Enseñan con lo que tienen a mano, improvisan, crean, resuelven. Pero también sienten la necesidad de algo fundamental: seguir aprendiendo.
La formación permanente no es un lujo, es una necesidad. Es la manera en que los docentes rurales se mantienen actualizados, se fortalecen emocionalmente y descubren nuevas herramientas para responder a los desafíos de su entorno.
Como dice el investigador brasileño Miguel Arroyo:
“Formar al maestro es formar al ser humano en su vocación de cuidar, enseñar y transformar.”
Cuando los docentes tienen acceso a capacitaciones continuas, no solo mejoran sus prácticas, sino que también crecen como personas. Y eso se nota en el aula: estudiantes más motivados, aprendizajes más significativos y comunidades que se sienten acompañadas.
Invertir en la formación permanente del docente rural es creer en su potencial. Es decirle: “Tu esfuerzo vale y merece apoyo”. Porque cuando un maestro crece, crece también toda la escuela.
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